El desahucio del Rey del Mundo
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El desahucio del Rey del Mundo. Capitulo XIII.Los nuevos colegas.

Por Francisco Betes | marzo 5, 2011

EL DESAHUCIO DEL REY DEL MUNDO

Capitulo XIII

LOS NUEVOS COLEGAS

El Club de Campo estaba magnifico en aquella mañana soleada de finales de Octubre, cuando Alberto se presentó ante la puerta principal con su amigo Jesús. Este enseño su carne y dijo:
– “Este señor va al restaurante”.
-“Son 5,80 €”.
Al pasar la garita del guarda, Alberto le hizo la consideración a su amigo de que era un precio extraño y especialmente bajo.
-“Extraño porque lo revisan cada año con la inflación y es bajo porque vas al restaurante, para hacer cualquier actividad deportiva te habrían cobrado por encima de los 15 Euros, creo”.
Jesús le mostró con detenimiento la pista de equitación, las cuadras y los caballos estabulados, el sinfín de pistas de tenis y de paddel, los campos de prácticas y algunos hoyos del campo de golf. Hablaba con cierto orgullo, como si el fuera el dueño de todas aquellas maravillas.
-“Tenemos 36 hoyos largos y 9 cortos, es decir, mas de dos campos completos de golf. ¡Ah! y, además, hay una gran piscina, justo junto a ese recodo donde se agrupan los coches aparcados. ¿Sabes que el Club de Campo es él más importante de España en hockey sobre hierba?” le dijo mientras le enseñaba un campo de hierba artificial frente a la zona de la piscina cubierta.
Jesús había pedido hacia más de un mes a Alberto que le acompañara. Le habían invitado a una comida para que hablara del mercado electrónico en España. Le hizo mucha ilusión la invitación y aunque no entendió muy bien como se formaba el grupo que asistía a al almuerzo, entendió que realizaban estas reuniones de forma periódica y que se trataba más de una tertulia que de una presentación. Con todo Alberto había preparado el tema refrescando sus ideas sobre le mercado nacional, las exportaciones, las importaciones, el peso del sector en el producto interior bruto y las perspectivas que él veía a corto y medio plazo.
Se dirigieron al chalet principal donde tendría lugar el almuerzo. Pasaron por una puerta giratoria, de aquellas que existían en los grandes hoteles de los años cincuenta y entraron en un amplio salón con una preciosa vista sobre la ciudad, que se divisaba al fondo enmarcado por el césped que cubría toda la superficie visible del Club. Se acercaron a la barra y preguntaron a un grupo que charlaba animadamente por Francisco Betés. Uno de ellos se volvió con una amplia sonrisa y le dijo:
-“Soy yo. Tu debes ser Alberto Kent nuestro invitado de hoy”. Se hicieron las presentaciones y se pidieron los aperitivos, mientras haciendo corro, el organizador explicaba a Alberto en que consistía la reunión a la vez que iba presentando al resto del grupo.
-“Somos un grupo heterogéneo de distintos sectores, aunque predomina el financiero, que hemos tenido puestos de responsabilidad en grandes empresas y que por una razón o por otra hemos salido recientemente a una edad que nos consideramos todos muy jóvenes, estamos entre los 50 y los 60. Nos reunimos una vez al mes, escuchamos al invitado del día, que hoy eres tú, sobre un tema en el que es especialista y con las preguntas, la comida deriva en una agradable tertulia. Entiendo que tu has trabajado en una compañía como Director General hasta hace poco, y vi por el curriculum vitae que me enviaste para que te presentara, que llevabas mas de 15 años en ella”.
Alberto le contó que había dejado la compañía hace unos meses y que todavía no tenía planes muy concretos de futuro y que de momento estaba disfrutando de la vida.
Betés le miro a los ojos y sonriendo le dijo:
-“A veces puede ser muy duro”.
Mientras charlaban habían ido llegando nuevas personas que se incorporaban al grupo. Alberto fue saludando a todos. Contó 30 personas cuando avisaron para pasar al comedor.
En un comedor privado Francisco se sentó en una cabecera y colocó enfrente a Alberto y a Jesús a su derecha, sentándose el resto sin protocolo.
Una vez que tomaron la comanda, Betés pidió silencio al grupo y empezó a anunciar brevemente algunas noticias referentes a uno del grupo que había montado una empresa y otro que había publicado un libro del que dieron todos los detalles para el que quisiera adquirirlo. Anuncio a continuación los invitados de los próximos almuerzos y Alberto se sintió muy honrado al escuchar nombres como Fidalgo, Rosa Diez o Cristina Alberdi. Después intervino Ladislao Perrote, ex director de RRHH de IBM, que se ocupaba al parecer de las actividades deportivas del grupo, consistentes básicamente en senderismo y campeonatos de golf. Después y sin mas preámbulos comenzó a presentarlo. Lo hizo en función del curriculum vitae que le había hecho llegar por e-mail.
-“Tenemos con nosotros hoy a Alberto Kent, hasta hace muy poco Director General de ACC en España, y uno de los grandes expertos del mercado español de electrónica. Alberto ha dejado la Compañía, -Alberto agradeció el eufemismo de presentar las cosas como que había dejado la compañía, cuando había sido la Compañía la que le había dejado a él y este pensamiento casi le hizo esbozar una sonrisa- … ha dejado la compañía,- insistió el organizador- hace unos meses y esta hoy con nosotros para hablar del mercado español de los componentes electrónicos y también, porque no, para que nos diga como lleva este cambio fuerte en su vida que se ha producido recientemente”.
A Alberto no le apetecía nada hablar del segundo tema así que inicio su exposición sobre primero. Rápidamente se dio cuenta de que aquello no era un discurso, pues los asistentes planteaban todo el tiempo preguntas inteligentes, bien orientadas y que llevaban al dialogo y a la tertulia de una forma natural. Hablando del mercado, de las posibilidades de expansión que tenia, y del retraso de España en este aspecto, llegaron hasta el segundo plato. En ese momento Betés le planteo una pregunta distinta.
-“Ya hemos hablado bastante del mercado electrónico. Dinos ahora como has vivido el cambio. Todos aquí hemos vivido una situación más o menos similar. Saliendo de puestos de responsabilidad, al día siguiente nos hemos encontrado con que no teníamos nada que hacer. ¿Que tal lo llevas?”
Alberto a la defensiva dijo rápidamente:
– “Muy bien”.
A lo que alguien le respondió:
-“Pues entonces debes ser el único”.
Alberto matizó sus palabras.
-“Es verdad que el proceso es difícil y que el cambio es arduo porque no estamos acostumbrados a esto, pasando de un ritmo muy fuerte a una falta de actividad tremenda, pero al mismo tiempo creo que lo estoy llevando relativamente bien”.
En el fondo de la mesa alguien intervino para decir que hacia algunos meses Pedro Luís Uriarte había estado en ese mismo comedor como invitado y que apuntó que el cambio es tanto más difícil cuanto más persona se había dejado absorber por el personaje que suponía su puesto y que él efectivamente lo había pasado muy mal y que le había ayudado de una forma significativa el poder encontrarse con personas que habían vivido una situación similar.
Al otro lado de la mesa alguien apuntó:
-“Lo importante es salir adelante y sobre todo bajar el handicap, así que, ¿cuando organizamos el próximo campeonato de golf?”.
-“No soy muy buen golfista, pero no me importaría mejorar” contestó Alberto. Alguien a su lado le dijo:
-“Eso esta hecho, soy el mayor proselitista que existe en este deporte”.
La conversación les llevo hacia los hobbies, entre los deportivos el golf se llevaba la palma, aunque había tres o cuatro que apuntaron la vela y con los que Alberto pudo conversar un poco mas ampliamente.
A las cinco de la tarde después de hablar de lo divino y lo humano, Francisco Betés le dio las gracias y anuncio el próximo almuerzo en el que estaba invitado un consejero de la Comunidad de Madrid.
Al salir, el organizador le cogió del brazo y le dijo:
-“Vamos a tomarnos otro café en el salón fuera, si no tienes prisa”
-“Por supuesto” aceptó Alberto.
Se sentaron en unos amplios y cómodos sillones de cuero frente al amplio jardín cubierto de césped que dominaba los terrenos de golf y enmarcaba una vista panorámica de la ciudad.
-“Quería presentarte a Juan José Lamana”, dijo Francisco mientras se sentaban. Juan José tiene una consultora y cuando vio tu curriculum me dijo que quería charlar contigo unos minutos”.
-” Sí – dijo Lamana- quería contarte lo que hacemos y ver si te puede interesar. Tenemos montada una consultora entre tres personas que hemos trabajado en diferentes sectores y tenemos dos actividades, la consultoría de negocio, donde elaboramos estrategias de desarrollo para Pymes y la de Corporate Finance, interviniendo en algunas operaciones de compraventa de compañías especializadas. Por tu currículum – prosiguió – estaríamos interesados en que te incorporaras como socio, la aportación de capital no es imprescindible, pero sí tu experiencia y tu conocimiento del mercado. Tenemos posibilidades de acceso a ese sector y tu aportación sería importante”
-“No me vendría mal algo de actividad profesional. Podría ser un buen complemento para la vida que estoy diseñando”
-“Ese es precisamente el objetivo. Normalmente somos gente que podríamos dedicarnos simplemente a vivir, pero creo que una cierta actividad profesional nos da un equilibrio necesario”
-“Entiendo que no es una actividad full time. Lo único que si me he propuesto es no volver a caer en el error de pensar que el trabajo es lo único en la vida” quiso aclarar Alberto.
-“Ese es el objetivo con que montamos la consultora hace tres años. No te hagas ilusiones, no te estoy ofreciendo un puesto de trabajo, los socios cobramos de la sociedad en función de las aportaciones de negocio. El sistema es el siguiente: la sociedad nos cobra a los socios un porcentaje de la facturación para los gastos generales y el resto se distribuye entre los socios, una parte para los que aportan el negocio y otra para los que realizan el trabajo. No hay por lo tanto ninguna seguridad de ingresos ni tampoco ninguna presión especifica de trabajo salvo cuando tienes algún proyecto pendiente de terminar. La verdad es que nos va muy bien y aunque no te garantizo que vayas a vivir de esto, puede ser un complemento económico y profesional interesante”.
Alberto tuvo que contenerse varias veces para no decir que sí inmediatamente. Le pareció de lo mas atractivo volver a tener una cierta actividad profesional. Si le hubieran pedido firmar, habría firmado cualquier acuerdo allí mismo.
“No hace falta que me digas nada ahora, piénsatelo si quieres y quedamos a comer la semana que viene”. Cerraron la cita y Juan José Lamana los dejó diciendo que tenía un poco de prisa. Alberto se quedó con Francisco terminando su taza de café.
-“Espero que os vaya bien, creo que tenéis buena química. Además de eso, Jesús me ha pedido que te presente a Pedro Luís Uriarte, sabes que fue Vicepresidente y Consejero Delegado de BBVA”.
-“Por supuesto” dijo Alberto.
-“Todas estas comidas y lo que en un inicio pensé que podría ser una asociación vienen de unas frases que dijo Uriarte en una entrevista al diario económico Cinco Días, hace muchos años cuando estaba en la cúspide de su poder. Te las voy a leer- dijo Betés, mientras abría su cartera y sacaba un pequeño recorte papel salmón- “Te leo textualmente: ´ ¿Estúpida o humana? La historia de la sucesión del líder es un tema recurrente en gobiernos y negocios, así como en la literatura y el drama. Lideres corporativos, presidentes y otras cabezas de estado que han atravesado por esta situación saben que la transición de una labor activa al retiro esta llena de ambivalencias. Es el momento de confrontar el paso del tiempo, el final de una carrera, el envejecimiento y la mortalidad”.
“Es fuerte, ¿verdad?”, preguntó Francisco.
Alberto se sinceró:
-“Es como si alguien hubiera estado hurgando en mi cabeza en los últimos meses y hubiera puesto en un papel el origen de todos mis retos”.
-“Intentare conseguirte una entrevista con él. Ya te avisare. ¡Ah! Y como ya te considero mi amigo, puedes llamarme Paco y volver a nuestro Foro cuando quieras.” dijo Betés sonriendo, mientras se levantaba y le acompañaba hasta la puerta.
-“Gracias por todo Paco. Ha sido un placer y volveremos a vernos por aquí”
Se despidieron en la puerta giratoria y Alberto se dirigió hacia su coche. Jesús se había quedado a echar una partida de mus por lo que volvía solo en el coche. Lo puso en marcha, pero antes de salir del recinto del club volvió a aparcar en una zona tranquila en la que nuevamente el césped encuadraba una bella vista de Madrid.
Se sentía a gusto y no tenía prisa. Estaba muy agradecido a Jesús por haberle incluido en aquel grupo de colegas que habían pasado por una situación similar. Salió del coche y se puso a pasear disfrutando de una tarde esplendida en la que el sol calentaba lo suficiente para agradecer el suave viento que venia de la sierra. Desde luego, Jesús le estaba ayudando mucho. Intento recordar desde cuando le conocía y una serie de recuerdos familiares y de imágenes casi olvidadas desfilaron por su memoria. Realmente conoció a Jesús en su primer día de colegio en Logroño. Recordó su casa, la consulta de su padre justo enfrente del piso que ocupaba su familia, la misa de los domingos con sus padres y hermanos en la Catedral, las tardes pasadas en casa de los abuelos jugando con sus primos mientras los mayores hablaban de sus cosas, y las funciones de teatro que interpretaban, primero en la guardería y después en el colegio, en las que disfrazarse de rey, mosquetero, o pirata era lo que más le ilusionaba.
Su primer día de colegio nunca lo olvidaría. Tenía siete años cuando acompañado por su madre y sus dos hermanos mayores atravesó por primera vez como alumno el gran arco de entrada camino de su nueva clase. Se sentía importante y mayor, muy mayor, con su cartera nueva y sus lápices de colores sin estrenar. Anteriormente ya había estado con su madre muchas veces en este colegio recogiendo a sus hermanos, pero esta vez era muy diferente; ahora era uno más y empezaba una nueva vida. Cuando su madre le dejó en el aula de los más pequeños, donde un severo profesor recibía a los nuevos alumnos, sintió ganas de llorar y le costó un gran esfuerzo reprimir las lágrimas al sentarse en el pupitre que le indicó. Los nuevos alumnos estaban callados, miraban con curiosidad todo lo que les rodeaba e intentaban adivinar si el profesor sería simpático y agradable.
A partir de ese día su vida colegial fue muy satisfactoria y ahora la recordaba con cierta añoranza. Su carácter abierto, su excelente educación, su afición a los deportes y su atractivo aspecto físico le hicieron muy popular entre sus compañeros. Tuvo muchos amigos pero solo dos, Jesús Plaza y Manolo Peña, fueron sus compañeros inseparables durante los años que permaneció en el colegio. Con Jesús congenió desde los primeros días de colegio, era un niño gordito y tranquilo que vivía cerca de su casa, y Manolo Peña se incorporó al colegio, tres años más tarde, cuando su padre fue destinado a Logroño por su empresa. Desde entonces, y hasta que terminaron el COU, formaron los tres un equipo en el que sus diferentes caracteres se complementaban a la perfección. Los tres eran estudiantes brillantes, jamás recibieron un suspenso y sí numerosos sobresalientes. El líder natural del grupo era Alberto y, aunque Manolo trató de desbancarle en más de una ocasión intentando llevar a Jesús a su terreno, nunca lo consiguió. A veces discutían acaloradamente Alberto y Manolo, mientras Jesús se mantenía totalmente al margen de esas peleas.
Jesús, el más intelectual de los tres, adoraba los trabajos manuales, la lectura y la música, y dedicaba parte de su tiempo libre a montar maquetas de barcos y aviones y a ir al cine con sus amigos. Alberto y Manolo preferían los deportes, ambos formaban parte del equipo de fútbol de su clase y lograron ser titulares del equipo del colegio durante los dos últimos años. Compartían con Jesús su afición al cine, también les gustaba la lectura de libros de aventuras y viajes y las novelas policíacas, pero no soportaban las obras literarias clásicas que Jesús leía con delectación.
Su círculo de amigos y conocidos se ampliaba notablemente con los otros compañeros de clase y con los hermanos y primos de sus amigos, con los que coincidían a menudo en sus respectivas casas cuando se reunían los domingos por la tarde. Allí empezaron a interesarse por las niñas, empezando por las amigas de sus hermanas a las que hasta ese momento no habían considerado seres dignos de dedicarles ni un minuto. Algunas tardes los tres iban a esperarlas a la salida del colegio, situado muy cerca del suyo, y se las ingeniaban para acompañarlas a sus casas aunque no siempre su ofrecimiento era aceptado.
Al cabo de algún tiempo los tres amigos tuvieron un problema que estuvo a punto de afectar seriamente al grupo. Alberto y Manolo estaban interesados en la misma niña, Diana, una rubia pecosa algo mayor que ellos que no les hacía mucho caso pero coqueteaba con ellos dos de vez en cuando porque se sentía halagada y orgullosa de ser admirada por los dos destacados deportistas. Diana no disimulaba su atracción por un chico mayor, un estudiante de económicas con el que salía algunas veces, el cual no demostraba un interés excesivo por ella. La situación se mantuvo en tensión durante algunas semanas hasta que, un día ante un desplante de Diana a los dos, se miraron, se sonrieron y Manolo estuvo de acuerdo cuando Alberto le propuso:
-”Nos vamos de cañas y que le den morcilla”.
En verano toda la familia se trasladaba a Zarauz, un precioso pueblo de la costa guipuzcoana donde Alberto tenía su pandilla de amigos veraneantes, que volvían año tras año, y con la que se reunía nada más llegar a primeros de julio. El grupo, inicialmente de ocho o nueve chicos, se amplió posteriormente al admitir a las niñas que hasta entonces habían formado un grupo aparte. Los baños y juegos en la playa, las excursiones a los montes y bosques cercanos en bicicleta y a pie, las chocolatadas en grupo, donde casi todos acababan con algún dedo quemado y manchados de chocolate hasta las cejas, y los campeonatos de tenis en el club, junto con las fiestas para celebrar sus santos y cumpleaños llenaban sus días de vacaciones y les dejaban recuerdos imborrables para el largo invierno que se avecinaba. Allí dio sus primeras clases de golf, deporte que no le fascinaba entonces pero al que jugaban algunos de sus amigos, en el pequeño campo casi rustico pero muy bonito, construido sobre las dunas de la zona norte de la playa de Zarauz.

Cuando llegó el momento de pensar en su futuro y elegir una carrera Alberto no lo dudó, quería ser economista y abogado para lo cual era muy conveniente desplazarse a Madrid, donde estaba ICADE, la universidad privada de más prestigio en aquél momento y en la que podía obtener la doble licenciatura en seis años. Nunca sintió la más mínima atracción por seguir la carrera de su padre, médico internista, a pesar de que éste no dejaba pasar ocasión en la que no insistiera a su hijo en la ilusión que le haría que continuara con la consulta que había conseguido prestigiar después de muchos años de estudio, trabajo y esfuerzos. Ninguno de sus dos hermanos mayores había elegido estudiar medicina y no parecía probable que su hermana menor la eligiera, por lo que Alberto representaba la última esperanza de continuidad para su padre Éste, que no había conseguido convencerle de que siguiera sus pasos, aceptó su derrota sin un solo comentario y le animó a que gestionara cuanto antes su inscripción en la universidad elegida.
Alberto se presentó bastante nervioso en junio de 1972 a su primer examen en la universidad. Aprobó con sobresaliente la prueba de Selectividad, lo que le abría las puertas del mundo universitario y cerraba para siempre su etapa colegial.

Había sido muy feliz en aquella época, pero no había razón ninguna para que no lo fuera en la nueva etapa. Ahora, terminando su largo paseo por el Club de Campo, se sentía contento, muy contento, casi eufórico. Había estado con gente que había vivido situaciones parecidas a la suya, tenia oportunidad de charlar con ellos de problemas que hasta ahora no había podido compartir con nadie, y sobre todo había encontrado una oportunidad de volver a tener una actividad profesional. Casi se avergonzó de que cosas tan nimias le produjeran tanta satisfacción.

Una semana después, Alberto acompañaba a Juan José Lamana, a la oficina de su consultora en la calle Lagasca, en pleno barrio chic de Madrid. Era una primera planta en un edificio señorial de viviendas.
Al entrar, se encontró en una gran sala de techos altos en la que les recibió Raquel, una mujer ya mayor pero muy arreglada y con la sonrisa permanente en el rostro.
-“Es el alma de la empresa. Lleva conmigo mas de 25 años” dijo Lamana.
A continuación le enseñó la sala de reuniones con una mesa ovalada con ocho sillas alrededor.
-“Nos sirve de mesa de reunión y de sala de recepción para cuando recibimos visitas de clientes” explicó,”En ocasiones especiales invitamos a comer aquí a nuestros clientes VIP con un catering que nos sirve un restaurante próximo”.
Luego le enseñó un despacho amplio
-“Este es el mío”
Y continuaron por una sala en la que trabajaban dos jóvenes que se levantaron educadamente a saludar.
-“Carlos y Javier son el pulmón de la consultora” explicó, antes de mostrarle una sala con dos mesas algo más pequeña pero con luz natural.
-“Una de estas es la tuya. La otra la ocupa uno de los socios que suele trabajar desde casa. ¿Que tal te arreglas con el ordenador?”
-“Desgraciadamente no soy un experto” contestó Alberto.
-“No se preocupe Don Alberto, yo le pondré al día. Si usted quiere empezamos hoy mismo”, se ofreció Raquel que les acompañaba todo el tiempo.
-“Encantado y agradecido”, respondió Alberto.

Habían comido en un restaurante cercano L´Entrecote y Lamana le había contado que fundó la Consultora, ocho años atrás después de dejar un puesto de Consejero Delegado en una gran compañía multinacional de alimentación.
-“Para mi fue un descubrimiento. Una vida distinta. Más libre, más interesante. Aunque tiene sus inconvenientes, porque ahora mis jefes son mis clientes y hay un montón de cosas que antes delegaba y ahora debo hacer yo mismo”.

Alberto se acomodó en la mesa que le habían asignado y recibió con interés la primera clase de manejo de ordenador que le dio Raquel. Cuando esta salió se quedo curioseando las carpetas en el ordenador y vio algunas sociedades con las que a lo largo de su vida profesional había tenido contactos previos. Observó el despacho y tuvo una punzada de desazón al compararlo con el que él había dejado en ACC, pero reacciono rápidamente. “Olvídate del retrovisor, mira adelante” se dijo. Después de media hora, apareció de nuevo Lamana y le pidió que le acompañara a su despacho”
-“¿Que tal? No es el nivel de despacho que seguramente tenias pero eso ya te darás cuenta es poco relevante. Lo que realmente importa es hacer cosas interesantes”
-“Soy perfectamente consciente”, respondió Alberto.
Lamana le explicó las operaciones de consultoría de negocio que realizaban, los principales clientes, y las operaciones de compraventa que eran una de las líneas básicas de su desarrollo.
-“Dentro de esas actividades de compraventa de compañías, acabamos de obtener un mandato de venta de la filial española de Electrionics Holdings” dijo una vez sentados en su despacho, y ante la mirada incrédula de Alberto, añadió: “Bien, ahora sabes el porqué de mi interés en que te incorpores con nosotros.”
-“Electronics Holdings es el líder del mercado de componentes en España. Lo sabes ¿no?” pregunto Alberto.
-“Si, es una operación importante, pero contigo en el equipo la sacaremos adelante con sobresaliente”
-“Es indudablemente una perita en dulce y me encantara colaborar” afirmó Alberto, pensando en cual habría sido su reacción si le hubieran propuesto la compra del líder de su mercado cuando dirigía ACC. Seguramente habría lanzado sobre la oportunidad.
.-“Harás mas que eso. Llevaras la operación completa desde el principio hasta el final. Lo primero que hacemos es el “book”, es decir, un resumen completo de todos los aspectos de la compañía en venta Aquí tienes toda la documentación en papel que nos han dado y en tu ordenador tienes todos los informes disponibles. Puedes apoyarte en los júniors que te he presentado para todo lo que necesites. Son muy buenos consiguiendo información. Raquel también te puede ayudar hasta que domines el ordenador. Lo malo de los Directores Generales cuando salimos es que sabemos mucho pero no sabemos manejarnos solo”
-“Van a ser unos meses interesantes y te agradezco la oportunidad. Y no te preocupes que soy muy adaptable y nada señorito”
-“Me encanta oírtelo, porque es uno de los problemas que podría plantearse. En las casas pequeñas el ´do it yourself´ es fundamental. Pero soy yo el que te agradece que estés con nosotros. Por supuesto que tú te organizas como quieras en cuestión de horarios y de gestiones. Yo solo quiero que me vayas informando de cómo vas o de si necesitas ayuda”
-“Juan José solo se me ocurre decirte la frase final de Casablanca. Creo que esto va a ser el inicio de una larga amistad” concluyó Alberto, mientras se despedían.

Cuando salió de la oficina, Alberto estaba contento de ese nuevo reto que completaba la vida que se estaba creando. Cuando sacó el coche del aparcamiento y le cobraron 18 euros, se dijo: “Creo que debo ver las conexiones del metro”.

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6 Respuestas a “El desahucio del Rey del Mundo. Capitulo XIII.Los nuevos colegas.”

  1. Francisco Betes dice:
    marzo 5th, 2011 a las 21:15

    Notas a este capitulo.
    Toda la descripcion de la niñez de Alberto se debe a la pluma de Jaime Estalella, al que agradezco su inestimable colaboración.
    En homenaje a Hitchcock y a sus apariciones breves en las peliculas que dirigia, me he permitido aparecer en esta ocasión, excepcionalmente.
    Espero que os guste ver reflejado en la novela nuestro Foro de Encuentro.
    Un abrazo.

  2. Octavio dice:
    marzo 6th, 2011 a las 18:09

    Muy bien Paco y Jaime, muy bien escrito. Sin embargo, me suena todo muy conocido (las comidas del club de campo, etc…)y, quiza por ello, mas lento que el capitulo anterior…en realidad no se si es una critica objetiva…

  3. Vicente dice:
    marzo 7th, 2011 a las 14:53

    Buen acierto la descripcion de la niñez y el dar entrad al Foro. >De todas formas pienso que no conviene alejarse mucho del tema central de la novela y de su agilidad.

  4. Lázaro dice:
    marzo 8th, 2011 a las 14:56

    Felicidades a Jaime y a Paco y lo de la introduccion del foro me parece muy buena idea.

  5. Luis dice:
    marzo 8th, 2011 a las 21:18

    Magnífico capítulo. Me “huele”, que puede ser un direccionamiento de futuro, con mucho que aportar.El aspecto anímico, por situaciones parecidas también me ha atraído .
    Se puede percibir en lontananza, una “nueva relación ” con ACC, pero desde otra situación profesional ?. Yo así me lo estoy imaginando.
    No obstante este capítulo, ha sido posiblemente algo largo.
    Adelante.

  6. Paco Martínez dice:
    abril 22nd, 2011 a las 22:35

    Bordado

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